Las tácticas Push & Pull

Las tácticas Push & Pull, mejor conocidas incluso en castellano con sus nombres en inglés y que se pueden traducir como Presión-Tracción o Presión-Tirar (algunos autores optan por sustituir la palabra “Presión” por “Empuje)”, se refieren a dos enfoques clave para definir la forma como una empresa se vincula e interactúa con sus mercados. Estos dos enfoques se pueden representar de la siguiente manera (las flechas verdes indican la acción de la empresa y las rojas indican cómo se orienta la “fuerza” del mercado):

Veamos ambos casos por separado.

Táctica Push o Presión

En la táctica Presión o Empuje, la empresa centra todas sus actividades de marketing en las estructuras de distribución (propias o ajenas) para que estas “presionen” o “empujen” el producto a través de los canales hasta llegar al consumidor final.

En estos casos, las empresas productoras recurren muy poco (a veces es inexistente) a la comunicación de marketing (publicidad, promoción de ventas, etcétera) y centran toda la gestión en los restantes elementos del marketing mix: producto, precio y distribución; en especial, al precio en el caso de los productos de consumo masivo.

Usualmente, en los sectores de consumo masivo, recurren a este tipo de tácticas las empresas que operan con productos poco diferenciados, con marcas poco consolidadas y que se ven obligadas a sustentar casi toda su actividad competitiva en los precios.

Sin embargo, existen casos en que la táctica Presión es casi obligatoria. Nos referimos a aquellos casos en que:

  • Existe un alto nivel de implicación de los consumidores con los productos y con su uso o consumo.
  • La comercialización del producto requiere de altos niveles de educación debido a que no son productos estándar ni tienen aplicaciones estándar.
  • Las actividades de comunicación, por si solas, no son capaces de convencer del todo a los consumidores.

La forma extrema de la táctica Presión es la venta directa, persona-a-persona.

Cuando se recurre a la táctica Presión en productos de gran consumo, la clave radica en lograr una gestión a muy alto nivel de los grandes mayoristas. En estos casos, las empresas dependen en gran medida de su red de ventas para mantener niveles adecuados de ingresos e, incluso, un nivel adecuado de participación de mercados. En otras palabras, la venta es más importante que las actividades de marketing.

 

Táctica Pull o Tracción

En la táctica Tracción, la empresa actúa directamente sobre el consumidor para crear en él un fuerte deseo de adquirir el producto, lo que provoca que el consumidor se “movilice” para buscarlo y comprarlo, forzando así a los intermediarios a incluir el producto en su portafolio.

Este tipo de táctica responde mejor a los planteamientos clásicos del marketing. En estos casos, las empresas hacen un uso extenso de todos los elementos del marketing mix, encomendando, principalmente, a la comunicación el convencimiento de los consumidores finales. Se trata de estimular fuertemente la demanda para “tirar” del consumidor hacia el producto y hacia los canales de distribución.

Usualmente, en los mercados de consumo masivo recurren a esta táctica las empresas que ofrecen productos suficientemente diferenciados, con marcas consolidadas y reconocidas por los consumidores. Los consumidores van a los minoristas buscando y exigiendo marcas específicas, no sólo la categoría genérica del producto.

A este tipo de táctica se prestan mejor los productos que presentan las siguientes características:

  • Bajo nivel de implicación del consumidor con el producto.
  • Se trata de productos estándar con aplicaciones estándar.
  • Productos de medio o bajo precio.
  • Productos de compra frecuente.

Las empresas también pueden optar por una táctica combinada de Presión-Tracción, en la que al mismo tiempo que dirigen sus esfuerzos al consumidor final también realizan actividades concretas dirigidas a los canales. Por ejemplo, los híper y supermercados tienden a favorecer los productos que han adoptado la táctica de Tracción debido a que son los productores quienes “pagan” el proceso de convencimiento de los consumidores finales, pero, al mismo, las empresas que operan con estos grandes minoristas reconocen la necesidad de mantener excelentes relaciones con ellos y para ello han creado la figura del trade marketing manager.

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