¿Emprendedor? Empiece por olvidarse de los derechos humanos

La palabra emprendedor y todos sus derivados lleva un tiempo de moda. En la evolución del lenguaje, al antiguo autónomo hoy bien se le puede llamar así, de igual modo que al añejo reuma hoy se le camufla bajo el genérico ligamentos, como si disponer de esas indispensables bandas fibrosas ya supusiera de por sí padecer el dolor de antaño. La modernización ha llegado al lenguaje y a ello se han agarrado gobernantes y altos empresarios de tal modo que se ha convertido en algo heroico y emprendedor el hecho de buscarse la vida para solventar unas necesidades que teóricamente debería compensar el estado del bienestar. Lleno el país de emprendedores, para qué hacen falta las contrataciones, pensarán.

Usted se ha levantado a las seis y media de la mañana para ir a trabajar, con la convicción de que regresará a casa pasadas las ocho de la tarde, aunque el horario nunca es fijo y depende en muchas ocasiones de sus clientes. No tendrá tiempo para comer y, si lo hace, será rápidamente y casi de forma clandestina. Sabe de antemano que hay días en los que no cobrará y que si lo hace será indiferente a la labor que desempeñe: limpieza, administración, transporte, logística, dirección… Su lugar de trabajo carece de plan de seguridad y riesgos laborales, no tiene ninguna ayuda por parte de la empresa y su empresa ni contrata nuevos empleados ni mucho menos fomenta la conciliación. Si por una fatalidad, usted se queda sin trabajo, olvídese de un subsidio como el de la mayoría de parados y rece por mantener sus ahorros hasta la jubilación.

El cuadro anterior, puesto en manos de cualquier abogado laboralista de medio pelo serviría para ganar un litigio a cualquier multinacional. Con únicamente un repaso superficial, se encuentran abusos a no pocos derechos. Sin embargo, la situación se mantiene, peor aún, se alarga en el tiempo y se extiende en la sociedad: es la realidad de muchos autónomos, de muchos emprendedores que tienen que asumir y aceptar condiciones laborales que trasladadas a las empleados de mayores empresas serían sencillamente humillantes e indignas del mundo civilizado y corpus de material altamente denunciable.

Así ha evolucionado el idioma y degenerado la realidad, en una terrible ecuación que, aún más, empequeñece la moral de políticos y altos empresarios y enaltece el valor de quienes pese a disponer de un nombre de profesión rimbombante ven recortados sus derechos más elementales. La crisis global ha mantenido ese axioma de que quienes resistan saldrán reforzados, leve consuelo, como el de aquel iluso que asistió miles de veces a la misma obra de teatro confiado en que algún día el final sería diferente.

David Espinar. Periodista y consultor de RSE, director de comunicación e imagen de Ronaldo Nazario durante cuatro años y jefe de prensa del entrenador del Real Madrid, Wanderley Luxemburgo, y los jugadores Roberto Carlos, Robinho y Júlio Baptista. Asimismo, fue asesor de los futbolistas Ronaldo Nazario y ZinédineZidane en sus actividades de carácter humanitario y especialmente en su condición de Embajadores de Buena Voluntad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Ha sido director general y consejero en diferentes organizaciones y conferenciante en diversos másters, jornadas y foros empresariales y universitarios.
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